martes, 26 de enero de 2010

Y dice…


“…paren al mundo que me quiero bajar…”
Pff… vaya que me sarandeó esa maldita frase. Llegaste antes, bastante antes y yo jamás te presté atención, no hasta ahora, como ya me había pasado una vez. Digo, ¿para qué? de una manera idiota ahí va uno a caer en estratagemas estúpidos llevados de la mano por la urgencia de sosegar la soledad y las nada gratas exigencias hormonales; maldito cóctel de sutilezas y dulzuras absurdas, que, igual, me sangran “la… la… ésta mierda… la paz.

Clak… clak… como malditos carneros en brama.

Uno de Mis Sueños más Tristes…


Despertó para darse cuenta de que todo había sido una mera ilusión; su hija, que lo hacía tan feliz, no existía y jamás había conocido a su esposa, ¿pero qué hacía? No por eso la tristeza que le oprimía el pecho se iba a ir y se sentía malditamente solo de todas maneras. Los vapores, resultado del pernocte escurrían, condensados, por las ventanas que lo mantenían lejos del barullo de la lluvia, que apenas y se alcanzaba a notar tras la ventana. No recordaba ni la fecha y poco le importaba la hora…


jueves, 21 de enero de 2010

¡ECO! [sfx:repetición distorsionada]


Las cosas suceden de modos curiosos, y como lo he dicho a últimas semanas:


"...las palabras simples son las que más nos remueven la sesera..."

De una manera u otra las palabras, por más inofensivas que aparenten ser, se cuelan hasta lo más profundo de nuestras fibras que, como cuerdas de piano, se desafinan provocando acústicas bizarras, extrañas; ecos que no hemos escuchado amenudo, pero que sin embargo no llegan a los tonos disfónicos de los que normalmente rehuimos.

Son precisamente esos ecos disfónicos los que nos hacen un nudo en la garganta, un vuelco en el estómago y nos helan las manos, frutos de palabras simples que se presentan como comentarios, preguntas casuales o meros rumores. Una vez más, invariablemente de cuál sea su forma, su fondo o su génesis, se infiltran y hacen de nuestra tranquilidad y serenidad lo que les place.

Pero, ¿qué es peor; esos tonos que identificamos o esos velados sobrantes de ecuaciones redondeadas?

-Seguiré meditando, ¿alguien se une?-