miércoles, 24 de junio de 2009

Del Centro, del centro, del centro, del centro... [Parte 1]

A últimas fechas, todo se reduce a un micro-universo de contactos.

Géneros musicales, hobbies, traumas, tribus urbanas, pretensiones –de ego, profesionales o cualquier m*mada- es suficiente motivo para girarse y dar de comer a esa criatura que pocos controlan: EGO.

Lo que sea es motivo para segregarse y abstraerse en un micro-universo del que nos creemos los creadores; seres todopoderosos que decretan las leyes de naturaleza, lo que se hace y lo que se deshace, lo que vale y lo que no, lo que cuesta y lo que sencillamente que ES o no.

Si bien mis actitudes parecieran de naturaleza hiperlactante, elitistas, dignas de un pedante-intelectualoide-insufrible, más que muchos estoy dispuesto a dar más de 5 minutos a cualquier discurso que no sea el mío o los que conforman mi círculo de conocidos.
“Todos tienen algo…”
Me decía un compañero en la universidad, frase que podría iterar del siguiente modo:

“De todos aprendes algo”
Y si bien es una frase que apenas comienza a hacer sentido dados mis continuos episodios de egolatría –¿no les digo? Pocos son los que maneja al monstruo- contiene gran sabiduría. Pero no. Es más fácil atribuir a diestra y siniestra tags y seguir en "la carrera" una vez más con los ojos bien puestos en la cerrazón que representan los pequeños universos que nos creamos.


En un sentido sencillo y sin ‘clavarnos’ mucho –cómo me repatea esa palabreja- hace a la gente de prejuicios, que como su nombre lo dice, resultan procesos que califican cualitativa o cuantitativamente a un individuo, objeto, idea, concepto ANTES de la experiencia -a priori, pa’ los exquisitos-.

…y prejuicios, creo que sobran. Por lo menos a estas fechas; si bien antes, mucho antes se manifestaban por ignorancia, decadencia científica, dogmas sociales… No distamos mucho de aquellos días de vínculos escondidos –o nulos-; ahora se dan los prejuicios pues los canales ya no son más de comunicación y se han cerrado a 'canales utilitarios'. Es decir, ya no es nuevo que alguien traiga un discurso utilitarista para que una docena de personas se cuelguen a la empresa de lo que otro quiere, en cuanto a capital, siempre el maldito capital –dinero, éxito profesional, fama, status, llámese como sea-.

Estos "tiempos rápidos” obligan a todos a limitarse, en sus esferas sociales, a ‘amigos de trabajo’ y ‘familiares’ ¿para qué? Para insertarse en un sistema, pues a la ciega confianza, el mensaje "el mercado te deja" ha transmutado en un nuevo y más amenazador:
"la vida te deja [agregue -si te apendejas- al gusto]"
Ese extraño cáncer del que todos participamos se ha metido hasta los más profundos recovecos de los vínculos de relación humana. Si no eres elemento que confiera alguna clase de promoción de estatus resultas el individuo sangrable -'carne de cañón', para los más doctos-.


Es buen momento para aplicar esa horrenda frase de "picas o platicas", con sus claras ingerencias sexuales/utilitarias –es decir, o picas piedra o picas genitales y si no, has de tener mucho que decir, ya sea con fines lúdicos o instructivos-; llámese intercambio de valores monetarios o de carácter carnal/hedonista…