domingo, 8 de marzo de 2009

Luces del Norte [Finale]

-A estas alturas, creo que ya es justo decirlo: "...sí, te hice trampa, Nayid. Omití el primer párrafo de la historia." Pero seguramente te habrás dado cuenta, pues incluí un par de pistas, que al final, eran intrínsecas del texto mismo. Alé, pues.-
“Me quedé boquiabierto”
Todos conocemos esa vieja y no menos gastadísima expresión, espero. Pues bien, ese fue el momento en que yo entendí que no era sólo una expresión lingüística que denotaba un asombro con vivos de miedo; el gesto en realidad existe.

-¿…qué?- no estoy seguro si lo dije o lo pensé.

-¿…?-

-…-

No puede hacer o decir más. Todos y cada uno de los ahí presentes eran exactamente iguales. TODOS. Vestían batas pastelosas pistache –tirándole a azul, no sé si por las luces del firmamento o qué- y me miraban fijamente, absortos en mi gradual desencajamiento de expresión; sin moverse, seguros de que no iría algún lado. Dotados de una expresión inerte… devorando el temor en mi poco -o nulo, mejor dicho- comprendimiento con respecto a lo que sucedía.

Emporó todo cuando se giraron y se acercaban con pasos lentos hacia mí. Ya no eran 14, 15… eran cientos. Como montones de basura apilada hasta donde la vista alcanzaba. Para entonces yo estaba en el piso, la impresión me tumbó como se me empujaran en aquellos imberbes tiempos en que me molestaban en la escuela. Sin embargo hoy no había sido un niño abusivo, bueno hubiera sido. Lo que me tiró al piso fue la simple impresión. Estaba pasmado.

Silencio.

Ya nadie me miraba. Todos esos seres pálidos y de muerta expresión seguían mirando al lugar donde se supone que estaba yo congelado. No me tranquilizaba, no podía. Era demasiado extraño. Un tono grave, cavernoso y estridente me sacó del elemental análisis que intentaba plantearme para serenar mi mente…

-Toshiro, ya me voy a dormir…- me dijo mi padre.

Y entonces fue que desperté como resorte y me puse a transcribir éstas cuantas líneas humildes con las que les cuento mi extraño sueño.

There you go, Nayid. Éste es mi service para ti. Por dejarme leer tu historia, que más allá de un gusto se ha convertido en una extraña afición últimamente. Enójate, heh, es más placentero ahora que ya tiene dedicatoria. Bon apetit, jaja.

P.D. Con respecto al párrafo que omití, here it is.

En uno de esos extraños sucederes oníricos; de aquellos que trunca la concentración mental y la mucha distracción que auspicia el cansancio y hastío que me invade, es que se me presentó la siguiente loca, muy loca historia…

sábado, 7 de marzo de 2009

Luces del Norte... Na'... no eran

Cuando mi mente llega a un cierto estrés y cansancio, comienza una danza de imágenes que se despliegan y desaparecen sin relación específica; sin jerarquía y sin orden, sólo lanza –mi cerebro- impulsos sin sentido cuando mi conciencia ya no está operando, es decir, cuando intento dormir.


3:33 a.m. Algo me hizo levantarme alrededor de esa hora. No era sed, hambre; sólo me levanté y fui a la cocina, encendí la luz y salí por la puerta de aluminio negro y vidrios ahumados hacia la zotehuela de la casa -curioso asunto, pues e movía con peculiar facilidad a pesar de estar ahí por primera (y seguramente última) vez-, cerré la puerta detrás de mí y me giré 90 grados a la izquierda casi inmediatamente, reflejándome en la ventana. La poca luz fugada de la calle y la luminosidad lunar me hacían ver muy mal –eso o los chismes respecto al magnetismo desvariante de la luna (por eso los lunáticos) son nada menos que un hecho-. En fin.


Desganado, cansado, con un gesto de molestia crónico; mal, pues. Sin más que el mero impulso, levanté mi mano derecha con el dedo índice en pos de escribir algo en el polvoriento vidrio.


C - O – U – G – A – R - N – A – R – A – N – J –A

M – I – C – R - O - M – A – C – H – I – N – E H – O – T - R – O – D


La ‘D’ –heh, no, no esa, Nayid y Diana- quedó mal escrita, no terminé el trazo por un vacío mental que no pude explicar, quedando más bien como una ‘R’ hecha al punto de un desmayo, escurrida, larga… muy larga.


Después de mi sinapsis pasmada, que no duró –y aunque lo hubiera hecho-, noté que alguien había entrado y encendido la luz de la cocina. Cuando quise reaccionar y disimular que estaba haciendo cualquier otra cosa ‘normal’ –por lo menos más normal que eso, traten de explicar que salí a la zotehuela a las 3 de la mañana a esbozar en a ventana mugrosa e un payaso desconocido los sobrenombres de los coches de mi amigo y además vocalizarlos conforme trazaba… “Eh? Ah es que acostumbro aullarle a la luna” sonaría menos raro…-


Pero bueno, no hubo necesidad de inventarme nada de eso. Del departamento contiguo había sido de donde salió la luz, velada por cortinas verdes pistache –si, de nuevo. ¿Quién decoró, el Monstruo Come-basura? Todos tienen esas horrendas cortinas verdes-. Sin embargo, las cortinas eran el menor de mis problemas… de la cocina, que parecía más una nave espacial salieron –no miento- más o menos 14 o 15 personas, hombres y mujeres que comenzaron a distribuirse por el lugar haciendo estruendo digno de una delegación en huelga.


Aturdido me hice a un lado sin darme cuenta conforme todos tomaban lugar. El movimiento me dio una mejor vista de quienes habían tomado el lugar, lo habían ocupado como si fuera una sala de comité de no se qué activistoides en pro de Dios sabe qué estupidez.


-…- observaba.

-……- mi gesto cambió.

-………- se me contrajeron las cejas.

-…………- se tensaron.

-…- mis párpados se abrían, se abrían… se abrían.


To be continued…

miércoles, 4 de marzo de 2009

Luces del norte... ¿Será?

Master B., Gosh y yo veníamos de beber de algún lugar recóndito de las varias opciones que ofrecen las calles aledañas a Periférico Oriente. Como la mayoría de las veces, algo ‘entonados Master B. y yo, desarrollando esas clasiquísimas conversaciones tóxicas/sublimes en su también clásico –para ese momento- Cougar Naranja, un Mercury Cougar 1968 de la Ford color naranja con capó negro, vestiduras naranjas 2 tonos más claras que el exterior con remates en negro y filos blancos que acentuaban su estilacho de finales de los 60’s sin dejar atrás sus hermosos rines estrellados anaranjados también, una verdadera joya.

Justo terminaba “Come Together” en voz de Joe Cocker cuando nos detuvimos en una especie de lobby muy fuera de lo común. Amplias ventanas rodeaban lo único que parecía indicio de que era un lobby, la recepción en tonos claros sobreiluminados por luces fluorescentes. Era un lobby ya, sólo que los detalles –o la falta de ellos- lo hacían ver ‘extraño’, no había ni teléfonos, macetas, civiles, curiosos, ni siquiera personal a la vista mas que la mujer de cabello rizado y traje sastre salmón con detalles en negro.

El motivo por el que nos detuvimos ahí y entramos al lugar me era aún desconocido, pero no le di importancia y asumí que algo importante habríamos de hacer ahí. Nos acercamos al mostrador de donde venían, cual aparición –y con ‘aparición’ no me refiero a que lo hicieran frente a mí, sino que en el momento del análisis de la planta no los noté si quiera- guardias, del tipo vigilante con un leve toque de policías, uniformes azul oscuro, chalecos con vivos fluorescentes, gorra, botas, etc. Todos los rasgos y características de la especie porcina. En fin. La ‘pareja’ –en el argot policial- en cuestión iba ya de salida, parecía que estaba visitando a este particular y –por más que lo observara- artificial lugar de modo rutinario. Llegando al mostrador por móviles que aún desconocía, casi al llegar nos encontramos de frente con los policías, quienes antes de salir desdeñosamente se nos quedaron viendo, como conocidos criminales de hace tiempo.

Sin darle verdadera importancia, llegamos. Lo que haya hecho Master B. ahí, no lo recuerdo, pues yo me quedé absorto en esos dos de quienes su mirar se me hizo molesto y sospechoso -más el segundo en un 60% sobre la escala normal de sospecha-. Pasados un par de minutos, Master B. terminaba sus asuntos y yo ya había perdido de vista a los dos infames aquellos, regresamos al Cougar Naranja.

Una vez dentro, y tras varias canciones de haber dejado atrás el lobby éste, noté extrañado que el auto era más chico de lo que lo recordaba y los interiores eran mas bien de gamuza color gris y no piel brillante, los remates blancos eran en realidad negros y el piso del coche al que para entonces jamás le había puesto atención era metálico, la mejor referencia para que lo imaginen son las láminas cromadas del estribillo de acceso a la cabina de los trailers. Para cuando terminé mi extraño re-reconocimiento, caí en cuenta al mismo tiempo de las verdaderas dimensiones del coche. ¿Cómo se puede ser tan distraído?, no lo sé, pero qué quieren yo sólo les cuento una anécdota, no los ‘por qué’s de mi torcida mente.

Seguimos viajando por alrededor de 40 o 50 minutos, el rumbo era, por mucho, más semejante a una carretera federal que a algún recoveco del oriente del Distrito Federal. El largo trayecto y la gran selección musical de un servidor, habían ya pasado factura a la conversación, la había convertido en una serie de comentarios simples respecto a las obviedades del camino en carretera, la poca iluminación, los posibles peligros, la humedad, el clima de los últimos días, frases que ya nada tenían que ver con las divertidísimas anécdotas de Master B. o mis curiosidades y cuestionarios de profundidad torcida; las Charlas Tóxicas/Sublimes que nos caracterizan, ya ni asomarse hacían. Estábamos cansados.

Al cabo de unos 25 minutos más de asfalto, el silencio me incomodó lo suficiente como para observar con más detenimiento los alrededores; menos que ubicándome o buscando referencias de dónde estábamos, estaba buscando algo en el asiento trasero. Desde preprimaria he sido más alto que los demás y, ¿para qué mentirles?, mis movimientos durante la mayor parte de mi desarrollo han sido movimientos grandes, más ahora que estaba en el Volkswagen Sedán 1962 -color negro y llamas en degradados naranjas con filos amarillos, como dije, los asientos de gamuza gris con detalles en negro y rines originales carablanca, por si no lo recuerdan – o más cariñosamente llamado El Micro Machine.

Yo buscaba; con la pronunciación lerda que da el estado ‘entonado’ que les mencionaba, mientras le comentaba algo a Master B., quien conducía.

-¿[murmullo ininteligible], Master Bruce?

-Sí… [balbuceo divagante] en un rato, yo creo.

Mi remover suéteres, papeles y demás porquerías en los asientos traseros en pro de mi búsqueda era más importante que poner real atención a una serie de comentarios y preguntas ‘matasilencio’ que escupía por mi aversión al silencio en compañía; más porque mi ‘búsqueda’ ya no era tal, al coche le faltaban cosas.

Tapetes, mochilas, un par de aparatos y varias cosas que si bien estaban desperdigadas por el suelo y los asientos, todas, son excepción contaban con una historia, anécdotas y valores inmesurables.

-Master, faltan cosas aquí…

-No m*mes. No, wey así estaba todo, no moví el coche ni ayer ni hoy.

-…que no, carajo. Sí faltan unas cuantas cosas…

-Oh…- [con tono de “que no chingá”] Pregúntales a tus hermanos…-

¿Mis hermanos? A ellos los había dejado de ver desde mucho antes de salir y para acabarla de amolar sí, así hablo a veces- no traía mi celular.

-¿Vienen en el Cougar, vea’?

-Creo sí, pero se quedaron.

-¿En la gas? De eso ya tiene como una hora…

-Sí, por eso, ellos se quedaron ahí a tomar una siesta rápida, que nos alcanzan después.

-Ah bueno, mejor. Menos de qué preocuparme

Me preocupaba que K. viniera manejando a esas horas y por carretera -es de esas personas que manejan de oído. Si va a tomar la derecha y escucha un claxon, regresa a su carril, lo mismo para la izquierda; por él, puede irse toda la vida derecho-. Ya con una preocupación menos y varios minutos más tarde llegábamos a nuestro destino, el departamento de un amigo… bueno, del amigo de un amigosí, provenientes del mismo lugar que “El Primo de Un Amigo, “La Vecina”, “Sancho”, “Willis” y todas esas grandes personalidades- quien nos daría asilo por esa noche.

Desembarcamos el Micro Machine y nos encontramos con el anfitrión en cuestión bajando las escaleras. Una suerte de emo arrepentido que había descubierto –tarde, por supuesto- su verdadero talento y naturaleza ‘fashonista’ en el grunge fresón, de cabello castaño claro –a mi parecer más bien un rubio sucio-, tez blanca –blanca por que así se le denomina, por que este monigote era más bien rosa me-quemé-bien-cabrón-en-la playa-e-imbécilmente-no-usé-bloqueador, pero por ser prácticos, digamos que era blanco- 1.75 metros de estatura y una muy mala actitud.

Pese a ser tachado de conchudo, cul*ro, convenenciero y demás, no recuerdo su nombre –para ser honesto ni me interesaba acordarme, no me cae bien y lo más seguro es que jamás me lo vuelva a topar en la vida-, pero el caso es que nos hizo pasar de la manera más seca y poco hospitalaria que pudo sin que yo le reventara a puñetazos la cara.

El departamento estaba a oscuras y parecía algo pequeño, las cortinas verde pistache –detesto ese color- iluminadas por la luz del alumbrado público, delimitaban una estancia –o sala, llámenle como gusten- de unos 7 por 4 metros. Ya hastiados del viaje y de sencillamente permanecer despiertos, nos acomodamos en la sala, a oscuras y por consiguiente a tientas, claro, por que el payaso de A.A.amigo de mi amigo- dejó claras instrucciones de no prender la luz o hacer ruido; molesto dejé escapar un par de crudas maldiciones.

-P*nches mamadas…

-¿Qué? [con tono de ‘¿Por qué lo dices?’]-preguntó Master B.

-Nada, mano, nada. Descansa y buenas noches…

-Va, te veo al rato…

Y en cuestión de segundos Master B. empezó a roncar cual sierra eléctrica oxidada. Le tapé la cara con una almohada y me dispuse a dormir. Dieron las 2 y la garganta de Master B. no hacía más que un calmo silbido. Yo no pude dormir. Tenía extrañas imágenes de situaciones y lugares que se presentaban como recuerdos, pero yo no tenía memoria de tales cosas…

To be Continued...

lunes, 2 de marzo de 2009

"…is 'The Last Dinner', tícher"

De un tiempo para acá he caído en cuenta de que el ser humano tiene unas cuantas costumbres que en mi diccionario vendrían siendo catalogadas como 'absurdas'. ésto no en agravio de las mismas, es sólo que resultan un tanto… extrañas. Me explico.

El primer fenómeno es aquel que se presenta en días festivos, cumpleaños y celebraciones símiles. La familia, amigos y personas allegadas se reúnen, saludan, recuerdan tiempos antaños, juegan, bromean… y comen. Sin menor cuestionamiento sabemos que de principio habrá que preparar viandas para los invitados, así sean unas cuantas bocatas. El rito por sí mismo, en términos sencillos, es que la gente propia -y no tanto- se junta "para compartir el pan…" -sí, usé la expresión con toda intención, pues a lo mejor nos da un indicio de explicación respecto a estos tan comunes festines-.

Curioso y muy humano asunto…