miércoles, 28 de enero de 2009

"...no me haga reír porque tengo los labios partí'os"


A ratos, si bien desprecio cualquier cosa que me recuerde el modo en que el país en el que vivo se está yendo a pique, hay elementos directamente relacionados con ello que me sacan una sonrisa; no sé si de derrota, pena, pena ajena... quien sabe. Lo cierto es que sea cual sea el tipo de risa, se segregan las mismas endorfinas, sólo que el proceso mental es distinto.

Hoy les dejo un atisbo de esas ocasiones, me he encontrado con muchas más, pero no siempre es el momento de una foto. Disfruten.

A lo mejor exageré, pero no me importa, ahí leí "Paletas de Aguas y paletas de Leches"
(Xochimilco, Centro)


"Osea, sí, sí... Pero no"
(UNAM, Facultad de Diseño Industrial)



"¿Gignatsia o Magnetsia?"
(Canal Nacional, Coyoacán)


"Hay alguien que viene, es mi gran amigo es...¿Eh?"
(Nuevo Camino a Sta. Cecilia, Microbús)

jueves, 22 de enero de 2009

Por qué no 'empelotarse'


(07.01.07)


Hace unos días hice una reunión con mis compañeros de la universidad y a poco más de una semana, la imagen mental de ese día, no evoca más que hartazgo y fastidio de que hoy, no se repita lo mismo.


Pero no importa si pasan unas horas, una semana, un mes o años. Pues en un año pasan muchas cosas; después de todo son poco menos de 400 días los que se cuentan como tal; pero igual, hay veces en que simplemente una semana se nos hace eterna. Es en ese momento cuando se presenta un extraño proceso mental: El aburrimiento -que no es exactamente lo mismo que el hastío al que hago alusión con ‘semanas que se hacen eternas-


Domingo, 3 de la tarde. Dio uno ya tres vueltas al mundo a través de los doscientos y tantos canales de cualquier servicio de televisión por cable, se descartaron docenas de libros que han sido leídos de menos una vez y también se dio el mal gesto a una pelota o balón que andaba tirado por ahí en los propios aposentos; y en el caso particular de un servidor, encontrarme hurgando en el refrigerador, es clara señal de que me encuentro sin nada mejor que hacer que llenar el hueco anímico, espiritual, intelectual, social, que infiere el estatus ya mencionado con comida.


Poco a poco uno se va a haciendo de malos hábitos, en donde interviene siempre la poca estimulación mental que infiere el estar aburrido; y es entonces cuando empezamos a quejarnos y a molestarnos, ¿por qué? Por que la energía empieza a acumularse, en puntos como el estómago, la cabeza, las posaderas, etcétera, dando como resultado más aburrimiento, pero ahora a un grado ‘enérgico’: La flojera.


Es interesante cómo una cosa lleva a la otra, y del mismo modo podemos llegar a conceptos como el ocio, la desesperación y otros estados de ánimo que no ayudan para nada a disfrutar de una poco estimulante tarde de domingo.


Afortunada o desafortunadamente para todos, el ocio -o el aburrimiento- no se limitan a amargar los largos ratos después del ‘reality’ en turno -sea por tv abierta o satelital- y como mencionaba un estado lleva a otro potencialmente dañino para la integridad personal. Varios, si no es que todos, pensarán que exagero, pero es precisamente esta acumulación de ganas, de pensamientos, de ansiedad, de recuerdos, de planes, de sueños, de vil y villana energía la que obliga a la gente a cometer actos extraños; desde la ingestión infundada de alimentos a cualquier hora y en repetidas ocasiones o la oscura y lógobre acción de… matar.


Dejen de poner esa cara de perplejidad, pues no exagero.


No creo que aquella fuera la última ni la primera vez en que un paisano ‘normal’ atacaba a otra persona bajo los influjos de este infame y subestimado estado mental a la voz de: “No sabía lo que se sentía matar…

Me explico un poco mejor.


Hace algunos años, 8, tal vez más, hubo un joven de aproximadamente 18 o 19 años que subió a un autobús transporte público con un cuchillo de cocina de unos 40 centímetros con la única intención de darle muerte a la primera persona que se le ocurriera. Una anciana de 84 años y un hombre de unos 30 fueron agredidos por este estado mental que tanto y tan seguido nos ataca.


Y eso de ‘nos’ es relativo, a hoy, la gente que vivimos en las grandes ciudades pareciera que nos corre el tiempo… Pero eso ya lo pensaré después, por lo pronto, los dejo con eso. Cuídense.


martes, 13 de enero de 2009

Quantum of Solace (No, no tiene nada que ver con Bond)


Hubo un tiempo.

Un tiempo en que llegué a pensar que las cosas no eran tan grises.

Hubo un año.

Un año en el que viví las cosas más bellas y experimenté las emociones más puras.

Hubo un mes.

Un mes en que todo se vino a bajo, no podía ver de nuevo al sol, y esperaba a diario a la luna.

Hubo un día.

Un día en que me di cuenta. Estaba ahí, no esperándome, ni siquiera sabiéndome existente. Sólo ‘siendo’ de la manera más simple, más sencilla…


Desde ese día el tiempo perdió sentido. Será la diferencia entre tiempo y momento. Sea por presunción -o por arrogancia, qué sé yo- es más claro en japonés. Se le llama ‘toki’ [] al momento y ‘jikan’ [時間] al tiempo. Como se puede notar, tienen el mismo ideograma, pero significan cosas diferentes. En fin. Fue así la carencia de sentido; mi ‘jikan’ se convirtió en ‘toki’s que no terminan nunca o que, al contrario, duran muy poco. Para someterme a un estado constante de reflexión, indagando tonterías, o bien haciéndome preguntas que realmente no podría contestar yo.


Ese estado de trance. La simple idea de estar absorto en un suave aroma, en un dulce timbre de voz, en los más sutiles gestos, en las más frágiles miradas me hace perder la noción del pasar de los momentos. Es ahí en donde yo entrego estúpidamente mi ‘jikan’, mi tiempo; es como una inversión de saldo perdido que depende directamente de la arbitrariedad, del misterio. Otros lo llaman ‘la providencia’, ‘karma’, ‘ki’, o simplemente ‘suerte’. Como ha de leerse entre líneas, no es más que una apuesta en donde se pude ganar o perder, sin haber medias tintas; la idea de los matices desaparece y llega al punto de “todo o nada” o dirían mis colegas “al alto contraste”. Tan arriesgado como cerrar los ojos y esperar llegar al otro lado de la calle sin un rasguño.


Sin embargo, no todo fluye hacia un lado. Hay veces en que el cause de nuestras ideas encuentra canales a contra corriente, sin importar la dirección, son estas las cosas que nos hacen equivocarnos o tener los más grandes aciertos. Una vez más me pregunto si depende realmente de la arbitrariedad. Pues no ha sido una vez, ni dos, en las que hemos dicho “si hubiera”. Y ni en la primera, ni en la última deja de ser ‘el tiempo perfecto del verbo estúpido’. Es entonces lógico pensar que nuestros actos no son ‘cosas’ y nada más; son ‘cosas’ con un principio y un final, con una determinada duración. Entonces no depende únicamente de la arbitrariedad, sino también del tiempo. ¿Y en dónde queda la voluntad?


Explicada de una manera sencilla, la voluntad es la capacidad de ejercer el deseo propio, de actuar de acuerdo a lo que uno piensa y de acuerdo a lo que quiere. Pero nos enfrentamos a una especie de paradoja, pues nuestra voluntad, termina cuando inicia la voluntad de otra persona –no confundir con libertad-… no pienso iniciar un debate respecto a nada, pues la idea es clara así como lo que nos molesta a todos: que la mitad de las cosas –por lo menos en asuntos como éste- no dependa de nosotros.


Aún sin leer el texto podemos entender esto, pues en cientos de miles de ocasiones hemos experimentado la frustración de las limitantes de la voluntad…