viernes, 25 de diciembre de 2009

Shit happens…

Terminar, empezar, iniciar, ignorar, retomar… meh. Son como malas bromas esas palabras.

[sfx: Trompetillas y gargajos.]

¿Qué hace un engendro-mala-cara cuando le remueven la sesera? Anclarse a lo absurdo en 3 canciones simplonas que sin duda hacen de su suciedad –a falta de una mejor palabra- intrínseca, parte integral también del sujeto en cuestión… No, no voy pa’rriba, eso es un hecho, voy vulnerado como un ciego metido en un tambo cerrado cuesta abajo.

Son pocas las veces en que me atascan de mierda la cabeza, menos con canciones pretensiosas… Pero qué más da, ya estoy bien embadurnado de su melosa decadencia y tono cínico/burlón.

We’ll see what’s next…

But you now shit happens…

viernes, 3 de julio de 2009

...del CENTRO!!! [Parte 2]

¿Cuántas veces aminora uno el paso de los segundo y se da cuenta de que son también minutos, horas? ¿Cuándo fue la última vez que nos dimos el tiempo de caminar, en vez de tomar un taxi o conducir hasta nuestro destino, bajo la voz de “se hace tarde”? De hacerlo, lo hacemos solos o con las personas que estén a la mano, que conozcamos; pues ‘conocer’ a alguien infiere tiempo “que no tenemos

A todos nos es más sencillo hacernos de la vista gorda y pasar por alto a los demás, ya no como conocidos, o personas con las que podamos intimar, no, ya ni siquiera nos identificamos como seres de la misma naturaleza, pocos son los que ven en un peatón una persona con juicios, preocupaciones, sueños, prioridades… es más fácil ver a un ‘naco’ sin auto, a un mendigo miserable, a un delincuente desgraciado, y así, por medio de los tags que les mencionaba ir cubriendo a un símil para dejar de reconocerlo y entonces sí, aprovecharse de él sin aparentes culpas...

Nos hemos hecho tóxicos, para los demás y ellos, para nosotros…

La realidad, es cruda, trágica, y finalmente estúpida; esto pues todos los que se desparpajan en despotismo y en arrogancia, terminan sufriendo tanto como los que fueron hechos a un lado, es una cadena de padecimientos interminable que alimenta esa realidad fragmentada en miles de pequeños micro-universos, representados por nimiedades accidentales dignas de un almanaque… pero bueh, heme aquí, en mi propio pedazo de universo inclusivo…

Los veré luego, espero sus comentarios.

miércoles, 24 de junio de 2009

Del Centro, del centro, del centro, del centro... [Parte 1]

A últimas fechas, todo se reduce a un micro-universo de contactos.

Géneros musicales, hobbies, traumas, tribus urbanas, pretensiones –de ego, profesionales o cualquier m*mada- es suficiente motivo para girarse y dar de comer a esa criatura que pocos controlan: EGO.

Lo que sea es motivo para segregarse y abstraerse en un micro-universo del que nos creemos los creadores; seres todopoderosos que decretan las leyes de naturaleza, lo que se hace y lo que se deshace, lo que vale y lo que no, lo que cuesta y lo que sencillamente que ES o no.

Si bien mis actitudes parecieran de naturaleza hiperlactante, elitistas, dignas de un pedante-intelectualoide-insufrible, más que muchos estoy dispuesto a dar más de 5 minutos a cualquier discurso que no sea el mío o los que conforman mi círculo de conocidos.
“Todos tienen algo…”
Me decía un compañero en la universidad, frase que podría iterar del siguiente modo:

“De todos aprendes algo”
Y si bien es una frase que apenas comienza a hacer sentido dados mis continuos episodios de egolatría –¿no les digo? Pocos son los que maneja al monstruo- contiene gran sabiduría. Pero no. Es más fácil atribuir a diestra y siniestra tags y seguir en "la carrera" una vez más con los ojos bien puestos en la cerrazón que representan los pequeños universos que nos creamos.


En un sentido sencillo y sin ‘clavarnos’ mucho –cómo me repatea esa palabreja- hace a la gente de prejuicios, que como su nombre lo dice, resultan procesos que califican cualitativa o cuantitativamente a un individuo, objeto, idea, concepto ANTES de la experiencia -a priori, pa’ los exquisitos-.

…y prejuicios, creo que sobran. Por lo menos a estas fechas; si bien antes, mucho antes se manifestaban por ignorancia, decadencia científica, dogmas sociales… No distamos mucho de aquellos días de vínculos escondidos –o nulos-; ahora se dan los prejuicios pues los canales ya no son más de comunicación y se han cerrado a 'canales utilitarios'. Es decir, ya no es nuevo que alguien traiga un discurso utilitarista para que una docena de personas se cuelguen a la empresa de lo que otro quiere, en cuanto a capital, siempre el maldito capital –dinero, éxito profesional, fama, status, llámese como sea-.

Estos "tiempos rápidos” obligan a todos a limitarse, en sus esferas sociales, a ‘amigos de trabajo’ y ‘familiares’ ¿para qué? Para insertarse en un sistema, pues a la ciega confianza, el mensaje "el mercado te deja" ha transmutado en un nuevo y más amenazador:
"la vida te deja [agregue -si te apendejas- al gusto]"
Ese extraño cáncer del que todos participamos se ha metido hasta los más profundos recovecos de los vínculos de relación humana. Si no eres elemento que confiera alguna clase de promoción de estatus resultas el individuo sangrable -'carne de cañón', para los más doctos-.


Es buen momento para aplicar esa horrenda frase de "picas o platicas", con sus claras ingerencias sexuales/utilitarias –es decir, o picas piedra o picas genitales y si no, has de tener mucho que decir, ya sea con fines lúdicos o instructivos-; llámese intercambio de valores monetarios o de carácter carnal/hedonista…

lunes, 11 de mayo de 2009

"Pour bien commencer ma petite journée..."

Para variar, debería estar preparando entregas y pruebas, pero heme aquí -sólo de paso- para vaticinar lo que podrían ser los eventos de las siguientes horas y mañana por la mañana... Para no aburrirlos, disfruten:

Le café
Cargado por pheneu_et_meleu - Videos web independientes.

La canción es una divertida obra de Oldelaf Et Monsieur D. Si alguien sabe del torrent de estos sujetos, agradecería la información. -aquí la versión subtitulada-

Los veo en un par de tazas...

*Edición

6:58 a.m. Heme aquí, 2 cafeteras y varias horas después... Na', I don't feel like killing anyone. Luego será. Me voy a la escuela.

Tengan un buen día, jaja

jueves, 2 de abril de 2009

"Solicitudes: Tienes 1 Solicitud de Control Mental de Xairo"

Corría el año de 1967, y Stanley Milgram –psicólogo gabacho- ideaba un experimento para probar la teoría de la que les hablé el post pasado; en sus palabras: El Problema del Pequeño Mundo.

El ejercicio consistió en la selección arbitraria de personas de cierto lugar que se convocaron para enviar correspondencia a un completo extraño quien radicaba en una locación remota. Los remitentes sólo conocían el nombre del destinatario, su ocupación y la localización aproximada, se les indicó enviar el paquete a una persona que ellos conocieran directamente y que pensaran que fuera la que más probabilidades tendría de conocer al destinatario. Esta persona tendría que hacer lo mismo y así sucesivamente hasta que el paquete fuera entregado personalmente a su objetivo.

Al final, la entrega solamente llevó, en promedio, entre cinco y siete intermediarios, para sorpresa de los participantes, quienes suponían tomaría un par de cientos de contactos para llegar a su destino. Psychology Today publicó los datos y fueron estos los que inspiraron la frase “seis grados de separación”.

Curioso es que, a pesar de haber demostrado que el mundo es más pequeño de lo que pensamos hace 4 décadas, en 1995 Randy Conrads desarrolla classmates.comsitio que opera aún- A través de este portal se pretendía –hablo en pretérito pues el concepto por sí mismo ha sido corrompido y sacado de su contexto en detrimento del mismo- que la gente pudiera recuperar o mantener el contacto con antiguos compañeros del colegio, instituto, universidad, and so on. Y es que a hoy, como mencioné anteriormente el punto se ha perdido totalmente; las redes sociales han venido a esclavizar a las mentes de quienes necesitan que más de un centenar de personas sepan en dónde, cómo, con quién y haciendo qué han pasado el último mes.

Por lo mismo, los jitomatazos jurídicos no se hacen esperar. Incorporarse a una red social -Xing, Friendster, MySpace… pinch’s nombresitos- implica llenar un formulario con una serie de datos personales, nombre, apellido, escuela, religión, hobbies… y los infamísimos estados civilesescupo una y mil veces-, ¿para qué? Ni cómo protegerse, pues estos datos se dan de modo voluntario y es muy poco lo que se puede hacer si éstos son usados de modo indebido. Es ingenuo pensar que es para ‘mantener contacto con nuestros compañeros de escuela’; hace MUCHO que dejó de tratarse de eso.

El modo monstruoso con el que permean estas comunidades virtuales en las esferas sociales de sus usuarios deja ver sus tentáculos en prácticamente cualquier acepción. La música, las tribus urbanas, los cultos y credos, costumbres y hasta la maldita alimentación pueden ser detonantes para que inicie una red social; realmente los tópicos y lugares comunes que hacen de premisas para estos portales son irrelevantes. Cualquier… -no, permítanme…- CUALQUIER tema –yeah, that’s better- puede fungir como pretexto. Y para como están las cosas, las aguas indican que en algún momento, la gran mayoría –si no es que todos- los web-surfers convergerán en estas dinámicas. Lo cual no es malo, hasta que uno se topa con tarados –a falta de una mejor palabra- que hacen de esto la tarjeta de presentación para los problemas.

Comentarios, dudas: http://hi7.com/fiend/proFAIL/displayuserid=I.C.L4CR3Y3R0N


miércoles, 1 de abril de 2009

Xairo has tagged you... r mind (JA!)

No tiene mucho que salió una nota en el periódico, respecto a que una joven fue extorsionada por un par de hijos de la tierra gracias a su poco criterio en lo que a los datos que asignó a la página infiere. Dudo mucho que sea la primera o la última vez que se manifiesta un fenómeno tan absurdo –por lo menos a mi parecer-.

Caramba, hace falta mucha ingenuidad o de sentido común nulo para caer en estos desatinos, pero bueh, como dije, creo que continuará sucediendo; más, porque las redes sociales resultan excelentes negocios en muchos niveles.

No fue sino hasta hace algunos meses que hile la Teoría de los Seis Grados de Separación con la premisa en cuestión de las redes sociales, por extraño que parezca me llevé una sorpresa -20% por encima de la sorpresa habitual- pues pareciera que estos sitios esperan integrar a una serie de individuos en dinámicas de relación humana a través de la red. Mentiría si dijera que yo no participo de ninguna, pero sí me parece pintoresco el tiempo y energía que le ponen algunas personas a dichos sistemas. Es decir, qué tan dinámico puede ser encontrar un puñado de gente con aficiones e intereses símiles ‘dentro de tu localidad’ –que también se me hace absurdo- ¿localidad? Internet no tiene jurisdicción. Pero bueno, si me clavo mucho mi punto valdrá pepino.

Comprendo el proceso y fin lúdico de la participaciónen dichos sistemas abiertos; pero desapruebo la importancia que están cobrando a niveles sociales. Todos conocemos por lo menos un par de relaciones –llámese de amistad, noviazgo, calentura, and so on…- que han terminado en pésimos términos por un comentario coqueto, un post furtivo o un tag provocador, lo que sea, en muchos de los casos desata una vorágine que pocos son capaces de controlar.

Pero veámoslo en su justa medida. Qué podemos esperar de gente que aporta datos, fechas, lgares y nombres precisos respecto a lo que hace y lo que deja de hacer, su estatus social/anímico, preferencia, costumbres, escuela, residencia, trabajo… caray, hay una cantidad de datos particulares tan grandes que me hace pensar que aquella pobre diablo que fue extorsionada, debería ser castigada tan severamente como sus limítrofes perpetradores.

Leí en un blog al que soy asiduo un concepto interesante; lo llamaba “Privacidad en Línea” –Saludos, Master Jerry-. Que si bien suena a ensayo de un clavado tecnofílico resulta un concepto bastante ambiguo si no se le ve con la óptica correcta. Hay, en estas extrañas -pero el mismo tiempo muy interesantes legiones de contactos- entes que buscan que todo el mundo esté al tanto de lo que hacen, cómo están y con quién salen, todo está atascado de fotos, comentarios y posts… phew. Y como menciona el buen M.J. también están los que se conforman con aceptar que en el extenso abanico de posibilidades que representa la red, sean sólo unos cuantos los que disfrutan las virtudes y beneficios de comunicarse a través de estas tensiones. Hasta ahí, todo bien. Pero regresemos a los Demon Taggers, Facebook-freaks, Hi5er from Hell… por mencionar algunos.

El hecho es muy simple, para participar de las mieles que ofrece una red social, hay que tener también sentido común, lógica natural… Estos sitios son para vincular a la gente y facilitar ciertos tipos de diversión, no para sustituir las dinámicas de relación humana, curioso que sean las grandes y poco escrupulosas compañías las que vean el asunto del modo más objetivo y sí, también utilitarista, pero bueh, eso ya vendrá luego.

domingo, 8 de marzo de 2009

Luces del Norte [Finale]

-A estas alturas, creo que ya es justo decirlo: "...sí, te hice trampa, Nayid. Omití el primer párrafo de la historia." Pero seguramente te habrás dado cuenta, pues incluí un par de pistas, que al final, eran intrínsecas del texto mismo. Alé, pues.-
“Me quedé boquiabierto”
Todos conocemos esa vieja y no menos gastadísima expresión, espero. Pues bien, ese fue el momento en que yo entendí que no era sólo una expresión lingüística que denotaba un asombro con vivos de miedo; el gesto en realidad existe.

-¿…qué?- no estoy seguro si lo dije o lo pensé.

-¿…?-

-…-

No puede hacer o decir más. Todos y cada uno de los ahí presentes eran exactamente iguales. TODOS. Vestían batas pastelosas pistache –tirándole a azul, no sé si por las luces del firmamento o qué- y me miraban fijamente, absortos en mi gradual desencajamiento de expresión; sin moverse, seguros de que no iría algún lado. Dotados de una expresión inerte… devorando el temor en mi poco -o nulo, mejor dicho- comprendimiento con respecto a lo que sucedía.

Emporó todo cuando se giraron y se acercaban con pasos lentos hacia mí. Ya no eran 14, 15… eran cientos. Como montones de basura apilada hasta donde la vista alcanzaba. Para entonces yo estaba en el piso, la impresión me tumbó como se me empujaran en aquellos imberbes tiempos en que me molestaban en la escuela. Sin embargo hoy no había sido un niño abusivo, bueno hubiera sido. Lo que me tiró al piso fue la simple impresión. Estaba pasmado.

Silencio.

Ya nadie me miraba. Todos esos seres pálidos y de muerta expresión seguían mirando al lugar donde se supone que estaba yo congelado. No me tranquilizaba, no podía. Era demasiado extraño. Un tono grave, cavernoso y estridente me sacó del elemental análisis que intentaba plantearme para serenar mi mente…

-Toshiro, ya me voy a dormir…- me dijo mi padre.

Y entonces fue que desperté como resorte y me puse a transcribir éstas cuantas líneas humildes con las que les cuento mi extraño sueño.

There you go, Nayid. Éste es mi service para ti. Por dejarme leer tu historia, que más allá de un gusto se ha convertido en una extraña afición últimamente. Enójate, heh, es más placentero ahora que ya tiene dedicatoria. Bon apetit, jaja.

P.D. Con respecto al párrafo que omití, here it is.

En uno de esos extraños sucederes oníricos; de aquellos que trunca la concentración mental y la mucha distracción que auspicia el cansancio y hastío que me invade, es que se me presentó la siguiente loca, muy loca historia…

sábado, 7 de marzo de 2009

Luces del Norte... Na'... no eran

Cuando mi mente llega a un cierto estrés y cansancio, comienza una danza de imágenes que se despliegan y desaparecen sin relación específica; sin jerarquía y sin orden, sólo lanza –mi cerebro- impulsos sin sentido cuando mi conciencia ya no está operando, es decir, cuando intento dormir.


3:33 a.m. Algo me hizo levantarme alrededor de esa hora. No era sed, hambre; sólo me levanté y fui a la cocina, encendí la luz y salí por la puerta de aluminio negro y vidrios ahumados hacia la zotehuela de la casa -curioso asunto, pues e movía con peculiar facilidad a pesar de estar ahí por primera (y seguramente última) vez-, cerré la puerta detrás de mí y me giré 90 grados a la izquierda casi inmediatamente, reflejándome en la ventana. La poca luz fugada de la calle y la luminosidad lunar me hacían ver muy mal –eso o los chismes respecto al magnetismo desvariante de la luna (por eso los lunáticos) son nada menos que un hecho-. En fin.


Desganado, cansado, con un gesto de molestia crónico; mal, pues. Sin más que el mero impulso, levanté mi mano derecha con el dedo índice en pos de escribir algo en el polvoriento vidrio.


C - O – U – G – A – R - N – A – R – A – N – J –A

M – I – C – R - O - M – A – C – H – I – N – E H – O – T - R – O – D


La ‘D’ –heh, no, no esa, Nayid y Diana- quedó mal escrita, no terminé el trazo por un vacío mental que no pude explicar, quedando más bien como una ‘R’ hecha al punto de un desmayo, escurrida, larga… muy larga.


Después de mi sinapsis pasmada, que no duró –y aunque lo hubiera hecho-, noté que alguien había entrado y encendido la luz de la cocina. Cuando quise reaccionar y disimular que estaba haciendo cualquier otra cosa ‘normal’ –por lo menos más normal que eso, traten de explicar que salí a la zotehuela a las 3 de la mañana a esbozar en a ventana mugrosa e un payaso desconocido los sobrenombres de los coches de mi amigo y además vocalizarlos conforme trazaba… “Eh? Ah es que acostumbro aullarle a la luna” sonaría menos raro…-


Pero bueno, no hubo necesidad de inventarme nada de eso. Del departamento contiguo había sido de donde salió la luz, velada por cortinas verdes pistache –si, de nuevo. ¿Quién decoró, el Monstruo Come-basura? Todos tienen esas horrendas cortinas verdes-. Sin embargo, las cortinas eran el menor de mis problemas… de la cocina, que parecía más una nave espacial salieron –no miento- más o menos 14 o 15 personas, hombres y mujeres que comenzaron a distribuirse por el lugar haciendo estruendo digno de una delegación en huelga.


Aturdido me hice a un lado sin darme cuenta conforme todos tomaban lugar. El movimiento me dio una mejor vista de quienes habían tomado el lugar, lo habían ocupado como si fuera una sala de comité de no se qué activistoides en pro de Dios sabe qué estupidez.


-…- observaba.

-……- mi gesto cambió.

-………- se me contrajeron las cejas.

-…………- se tensaron.

-…- mis párpados se abrían, se abrían… se abrían.


To be continued…

miércoles, 4 de marzo de 2009

Luces del norte... ¿Será?

Master B., Gosh y yo veníamos de beber de algún lugar recóndito de las varias opciones que ofrecen las calles aledañas a Periférico Oriente. Como la mayoría de las veces, algo ‘entonados Master B. y yo, desarrollando esas clasiquísimas conversaciones tóxicas/sublimes en su también clásico –para ese momento- Cougar Naranja, un Mercury Cougar 1968 de la Ford color naranja con capó negro, vestiduras naranjas 2 tonos más claras que el exterior con remates en negro y filos blancos que acentuaban su estilacho de finales de los 60’s sin dejar atrás sus hermosos rines estrellados anaranjados también, una verdadera joya.

Justo terminaba “Come Together” en voz de Joe Cocker cuando nos detuvimos en una especie de lobby muy fuera de lo común. Amplias ventanas rodeaban lo único que parecía indicio de que era un lobby, la recepción en tonos claros sobreiluminados por luces fluorescentes. Era un lobby ya, sólo que los detalles –o la falta de ellos- lo hacían ver ‘extraño’, no había ni teléfonos, macetas, civiles, curiosos, ni siquiera personal a la vista mas que la mujer de cabello rizado y traje sastre salmón con detalles en negro.

El motivo por el que nos detuvimos ahí y entramos al lugar me era aún desconocido, pero no le di importancia y asumí que algo importante habríamos de hacer ahí. Nos acercamos al mostrador de donde venían, cual aparición –y con ‘aparición’ no me refiero a que lo hicieran frente a mí, sino que en el momento del análisis de la planta no los noté si quiera- guardias, del tipo vigilante con un leve toque de policías, uniformes azul oscuro, chalecos con vivos fluorescentes, gorra, botas, etc. Todos los rasgos y características de la especie porcina. En fin. La ‘pareja’ –en el argot policial- en cuestión iba ya de salida, parecía que estaba visitando a este particular y –por más que lo observara- artificial lugar de modo rutinario. Llegando al mostrador por móviles que aún desconocía, casi al llegar nos encontramos de frente con los policías, quienes antes de salir desdeñosamente se nos quedaron viendo, como conocidos criminales de hace tiempo.

Sin darle verdadera importancia, llegamos. Lo que haya hecho Master B. ahí, no lo recuerdo, pues yo me quedé absorto en esos dos de quienes su mirar se me hizo molesto y sospechoso -más el segundo en un 60% sobre la escala normal de sospecha-. Pasados un par de minutos, Master B. terminaba sus asuntos y yo ya había perdido de vista a los dos infames aquellos, regresamos al Cougar Naranja.

Una vez dentro, y tras varias canciones de haber dejado atrás el lobby éste, noté extrañado que el auto era más chico de lo que lo recordaba y los interiores eran mas bien de gamuza color gris y no piel brillante, los remates blancos eran en realidad negros y el piso del coche al que para entonces jamás le había puesto atención era metálico, la mejor referencia para que lo imaginen son las láminas cromadas del estribillo de acceso a la cabina de los trailers. Para cuando terminé mi extraño re-reconocimiento, caí en cuenta al mismo tiempo de las verdaderas dimensiones del coche. ¿Cómo se puede ser tan distraído?, no lo sé, pero qué quieren yo sólo les cuento una anécdota, no los ‘por qué’s de mi torcida mente.

Seguimos viajando por alrededor de 40 o 50 minutos, el rumbo era, por mucho, más semejante a una carretera federal que a algún recoveco del oriente del Distrito Federal. El largo trayecto y la gran selección musical de un servidor, habían ya pasado factura a la conversación, la había convertido en una serie de comentarios simples respecto a las obviedades del camino en carretera, la poca iluminación, los posibles peligros, la humedad, el clima de los últimos días, frases que ya nada tenían que ver con las divertidísimas anécdotas de Master B. o mis curiosidades y cuestionarios de profundidad torcida; las Charlas Tóxicas/Sublimes que nos caracterizan, ya ni asomarse hacían. Estábamos cansados.

Al cabo de unos 25 minutos más de asfalto, el silencio me incomodó lo suficiente como para observar con más detenimiento los alrededores; menos que ubicándome o buscando referencias de dónde estábamos, estaba buscando algo en el asiento trasero. Desde preprimaria he sido más alto que los demás y, ¿para qué mentirles?, mis movimientos durante la mayor parte de mi desarrollo han sido movimientos grandes, más ahora que estaba en el Volkswagen Sedán 1962 -color negro y llamas en degradados naranjas con filos amarillos, como dije, los asientos de gamuza gris con detalles en negro y rines originales carablanca, por si no lo recuerdan – o más cariñosamente llamado El Micro Machine.

Yo buscaba; con la pronunciación lerda que da el estado ‘entonado’ que les mencionaba, mientras le comentaba algo a Master B., quien conducía.

-¿[murmullo ininteligible], Master Bruce?

-Sí… [balbuceo divagante] en un rato, yo creo.

Mi remover suéteres, papeles y demás porquerías en los asientos traseros en pro de mi búsqueda era más importante que poner real atención a una serie de comentarios y preguntas ‘matasilencio’ que escupía por mi aversión al silencio en compañía; más porque mi ‘búsqueda’ ya no era tal, al coche le faltaban cosas.

Tapetes, mochilas, un par de aparatos y varias cosas que si bien estaban desperdigadas por el suelo y los asientos, todas, son excepción contaban con una historia, anécdotas y valores inmesurables.

-Master, faltan cosas aquí…

-No m*mes. No, wey así estaba todo, no moví el coche ni ayer ni hoy.

-…que no, carajo. Sí faltan unas cuantas cosas…

-Oh…- [con tono de “que no chingá”] Pregúntales a tus hermanos…-

¿Mis hermanos? A ellos los había dejado de ver desde mucho antes de salir y para acabarla de amolar sí, así hablo a veces- no traía mi celular.

-¿Vienen en el Cougar, vea’?

-Creo sí, pero se quedaron.

-¿En la gas? De eso ya tiene como una hora…

-Sí, por eso, ellos se quedaron ahí a tomar una siesta rápida, que nos alcanzan después.

-Ah bueno, mejor. Menos de qué preocuparme

Me preocupaba que K. viniera manejando a esas horas y por carretera -es de esas personas que manejan de oído. Si va a tomar la derecha y escucha un claxon, regresa a su carril, lo mismo para la izquierda; por él, puede irse toda la vida derecho-. Ya con una preocupación menos y varios minutos más tarde llegábamos a nuestro destino, el departamento de un amigo… bueno, del amigo de un amigosí, provenientes del mismo lugar que “El Primo de Un Amigo, “La Vecina”, “Sancho”, “Willis” y todas esas grandes personalidades- quien nos daría asilo por esa noche.

Desembarcamos el Micro Machine y nos encontramos con el anfitrión en cuestión bajando las escaleras. Una suerte de emo arrepentido que había descubierto –tarde, por supuesto- su verdadero talento y naturaleza ‘fashonista’ en el grunge fresón, de cabello castaño claro –a mi parecer más bien un rubio sucio-, tez blanca –blanca por que así se le denomina, por que este monigote era más bien rosa me-quemé-bien-cabrón-en-la playa-e-imbécilmente-no-usé-bloqueador, pero por ser prácticos, digamos que era blanco- 1.75 metros de estatura y una muy mala actitud.

Pese a ser tachado de conchudo, cul*ro, convenenciero y demás, no recuerdo su nombre –para ser honesto ni me interesaba acordarme, no me cae bien y lo más seguro es que jamás me lo vuelva a topar en la vida-, pero el caso es que nos hizo pasar de la manera más seca y poco hospitalaria que pudo sin que yo le reventara a puñetazos la cara.

El departamento estaba a oscuras y parecía algo pequeño, las cortinas verde pistache –detesto ese color- iluminadas por la luz del alumbrado público, delimitaban una estancia –o sala, llámenle como gusten- de unos 7 por 4 metros. Ya hastiados del viaje y de sencillamente permanecer despiertos, nos acomodamos en la sala, a oscuras y por consiguiente a tientas, claro, por que el payaso de A.A.amigo de mi amigo- dejó claras instrucciones de no prender la luz o hacer ruido; molesto dejé escapar un par de crudas maldiciones.

-P*nches mamadas…

-¿Qué? [con tono de ‘¿Por qué lo dices?’]-preguntó Master B.

-Nada, mano, nada. Descansa y buenas noches…

-Va, te veo al rato…

Y en cuestión de segundos Master B. empezó a roncar cual sierra eléctrica oxidada. Le tapé la cara con una almohada y me dispuse a dormir. Dieron las 2 y la garganta de Master B. no hacía más que un calmo silbido. Yo no pude dormir. Tenía extrañas imágenes de situaciones y lugares que se presentaban como recuerdos, pero yo no tenía memoria de tales cosas…

To be Continued...

lunes, 2 de marzo de 2009

"…is 'The Last Dinner', tícher"

De un tiempo para acá he caído en cuenta de que el ser humano tiene unas cuantas costumbres que en mi diccionario vendrían siendo catalogadas como 'absurdas'. ésto no en agravio de las mismas, es sólo que resultan un tanto… extrañas. Me explico.

El primer fenómeno es aquel que se presenta en días festivos, cumpleaños y celebraciones símiles. La familia, amigos y personas allegadas se reúnen, saludan, recuerdan tiempos antaños, juegan, bromean… y comen. Sin menor cuestionamiento sabemos que de principio habrá que preparar viandas para los invitados, así sean unas cuantas bocatas. El rito por sí mismo, en términos sencillos, es que la gente propia -y no tanto- se junta "para compartir el pan…" -sí, usé la expresión con toda intención, pues a lo mejor nos da un indicio de explicación respecto a estos tan comunes festines-.

Curioso y muy humano asunto…

miércoles, 28 de enero de 2009

"...no me haga reír porque tengo los labios partí'os"


A ratos, si bien desprecio cualquier cosa que me recuerde el modo en que el país en el que vivo se está yendo a pique, hay elementos directamente relacionados con ello que me sacan una sonrisa; no sé si de derrota, pena, pena ajena... quien sabe. Lo cierto es que sea cual sea el tipo de risa, se segregan las mismas endorfinas, sólo que el proceso mental es distinto.

Hoy les dejo un atisbo de esas ocasiones, me he encontrado con muchas más, pero no siempre es el momento de una foto. Disfruten.

A lo mejor exageré, pero no me importa, ahí leí "Paletas de Aguas y paletas de Leches"
(Xochimilco, Centro)


"Osea, sí, sí... Pero no"
(UNAM, Facultad de Diseño Industrial)



"¿Gignatsia o Magnetsia?"
(Canal Nacional, Coyoacán)


"Hay alguien que viene, es mi gran amigo es...¿Eh?"
(Nuevo Camino a Sta. Cecilia, Microbús)

jueves, 22 de enero de 2009

Por qué no 'empelotarse'


(07.01.07)


Hace unos días hice una reunión con mis compañeros de la universidad y a poco más de una semana, la imagen mental de ese día, no evoca más que hartazgo y fastidio de que hoy, no se repita lo mismo.


Pero no importa si pasan unas horas, una semana, un mes o años. Pues en un año pasan muchas cosas; después de todo son poco menos de 400 días los que se cuentan como tal; pero igual, hay veces en que simplemente una semana se nos hace eterna. Es en ese momento cuando se presenta un extraño proceso mental: El aburrimiento -que no es exactamente lo mismo que el hastío al que hago alusión con ‘semanas que se hacen eternas-


Domingo, 3 de la tarde. Dio uno ya tres vueltas al mundo a través de los doscientos y tantos canales de cualquier servicio de televisión por cable, se descartaron docenas de libros que han sido leídos de menos una vez y también se dio el mal gesto a una pelota o balón que andaba tirado por ahí en los propios aposentos; y en el caso particular de un servidor, encontrarme hurgando en el refrigerador, es clara señal de que me encuentro sin nada mejor que hacer que llenar el hueco anímico, espiritual, intelectual, social, que infiere el estatus ya mencionado con comida.


Poco a poco uno se va a haciendo de malos hábitos, en donde interviene siempre la poca estimulación mental que infiere el estar aburrido; y es entonces cuando empezamos a quejarnos y a molestarnos, ¿por qué? Por que la energía empieza a acumularse, en puntos como el estómago, la cabeza, las posaderas, etcétera, dando como resultado más aburrimiento, pero ahora a un grado ‘enérgico’: La flojera.


Es interesante cómo una cosa lleva a la otra, y del mismo modo podemos llegar a conceptos como el ocio, la desesperación y otros estados de ánimo que no ayudan para nada a disfrutar de una poco estimulante tarde de domingo.


Afortunada o desafortunadamente para todos, el ocio -o el aburrimiento- no se limitan a amargar los largos ratos después del ‘reality’ en turno -sea por tv abierta o satelital- y como mencionaba un estado lleva a otro potencialmente dañino para la integridad personal. Varios, si no es que todos, pensarán que exagero, pero es precisamente esta acumulación de ganas, de pensamientos, de ansiedad, de recuerdos, de planes, de sueños, de vil y villana energía la que obliga a la gente a cometer actos extraños; desde la ingestión infundada de alimentos a cualquier hora y en repetidas ocasiones o la oscura y lógobre acción de… matar.


Dejen de poner esa cara de perplejidad, pues no exagero.


No creo que aquella fuera la última ni la primera vez en que un paisano ‘normal’ atacaba a otra persona bajo los influjos de este infame y subestimado estado mental a la voz de: “No sabía lo que se sentía matar…

Me explico un poco mejor.


Hace algunos años, 8, tal vez más, hubo un joven de aproximadamente 18 o 19 años que subió a un autobús transporte público con un cuchillo de cocina de unos 40 centímetros con la única intención de darle muerte a la primera persona que se le ocurriera. Una anciana de 84 años y un hombre de unos 30 fueron agredidos por este estado mental que tanto y tan seguido nos ataca.


Y eso de ‘nos’ es relativo, a hoy, la gente que vivimos en las grandes ciudades pareciera que nos corre el tiempo… Pero eso ya lo pensaré después, por lo pronto, los dejo con eso. Cuídense.


martes, 13 de enero de 2009

Quantum of Solace (No, no tiene nada que ver con Bond)


Hubo un tiempo.

Un tiempo en que llegué a pensar que las cosas no eran tan grises.

Hubo un año.

Un año en el que viví las cosas más bellas y experimenté las emociones más puras.

Hubo un mes.

Un mes en que todo se vino a bajo, no podía ver de nuevo al sol, y esperaba a diario a la luna.

Hubo un día.

Un día en que me di cuenta. Estaba ahí, no esperándome, ni siquiera sabiéndome existente. Sólo ‘siendo’ de la manera más simple, más sencilla…


Desde ese día el tiempo perdió sentido. Será la diferencia entre tiempo y momento. Sea por presunción -o por arrogancia, qué sé yo- es más claro en japonés. Se le llama ‘toki’ [] al momento y ‘jikan’ [時間] al tiempo. Como se puede notar, tienen el mismo ideograma, pero significan cosas diferentes. En fin. Fue así la carencia de sentido; mi ‘jikan’ se convirtió en ‘toki’s que no terminan nunca o que, al contrario, duran muy poco. Para someterme a un estado constante de reflexión, indagando tonterías, o bien haciéndome preguntas que realmente no podría contestar yo.


Ese estado de trance. La simple idea de estar absorto en un suave aroma, en un dulce timbre de voz, en los más sutiles gestos, en las más frágiles miradas me hace perder la noción del pasar de los momentos. Es ahí en donde yo entrego estúpidamente mi ‘jikan’, mi tiempo; es como una inversión de saldo perdido que depende directamente de la arbitrariedad, del misterio. Otros lo llaman ‘la providencia’, ‘karma’, ‘ki’, o simplemente ‘suerte’. Como ha de leerse entre líneas, no es más que una apuesta en donde se pude ganar o perder, sin haber medias tintas; la idea de los matices desaparece y llega al punto de “todo o nada” o dirían mis colegas “al alto contraste”. Tan arriesgado como cerrar los ojos y esperar llegar al otro lado de la calle sin un rasguño.


Sin embargo, no todo fluye hacia un lado. Hay veces en que el cause de nuestras ideas encuentra canales a contra corriente, sin importar la dirección, son estas las cosas que nos hacen equivocarnos o tener los más grandes aciertos. Una vez más me pregunto si depende realmente de la arbitrariedad. Pues no ha sido una vez, ni dos, en las que hemos dicho “si hubiera”. Y ni en la primera, ni en la última deja de ser ‘el tiempo perfecto del verbo estúpido’. Es entonces lógico pensar que nuestros actos no son ‘cosas’ y nada más; son ‘cosas’ con un principio y un final, con una determinada duración. Entonces no depende únicamente de la arbitrariedad, sino también del tiempo. ¿Y en dónde queda la voluntad?


Explicada de una manera sencilla, la voluntad es la capacidad de ejercer el deseo propio, de actuar de acuerdo a lo que uno piensa y de acuerdo a lo que quiere. Pero nos enfrentamos a una especie de paradoja, pues nuestra voluntad, termina cuando inicia la voluntad de otra persona –no confundir con libertad-… no pienso iniciar un debate respecto a nada, pues la idea es clara así como lo que nos molesta a todos: que la mitad de las cosas –por lo menos en asuntos como éste- no dependa de nosotros.


Aún sin leer el texto podemos entender esto, pues en cientos de miles de ocasiones hemos experimentado la frustración de las limitantes de la voluntad…